Las esculturas inspiradas en El Bosco

En la celebración del V Centenario de las muerte del pintor flamenco Hieronimus Bosch, conocido como El Bosco, la escultora Sara Giménez ha escogido 25 fragmentos de sus cuadros, entre ellos El Jardín de las delicias, El Carro de Heno, Las Tentaciones de San Antonio o El Juicio Final y los ha recreado tridimensionalmente en cera para ser fundidos en bronce. Se trata de esculturas únicas, puesto que no hay molde y cada una de ellas ha sido colocada, o más bien elevada, sobre una base de bronce, aluminio o refractario, que permite disfrutar del motivo seleccionado. Las esculturas han sido policromadas al óleo según los colores originales de los cuadros.

Sara Giménez expone parte de estas originales creaciones en la ciuda natal de El Bosco, en la galería Het Vijfde Huis, de Amberes (Reyndersstraat, 5 2000 Antwerpen, Bélgica www.hetvijfdehuis.com) hasta el 10 de julio y también en la exposición “Encuentro con El Bosco”, desde el 8 de mayo hasta el 18 de septiembre, en el museo Slager (Choorstraat, 8 5211KZ ´s-Hertogenbosch, Holanda www.museumslager.com ).

2Sara Giménez es una reconocida escutora. Nació en 1958, en Torrubia, Soria, España. Es doctora en Bellas Artes, Universidad de Valencia, España. Y perito ceramista, de la Escuela de cerámica de Manises, Valencia, España.

En su carrera artística ha recibido premios nacionales en cerámica y escultura. Tiene obra expuesta en museos e instituciones en España. Ha realizado numerosas exposiciones individuales y ha participado en casi un centenar de exposiciones colectivas en España, Francia, Portugal, Hungría, Bélgica y Japón.

Más información: www.saragimenez.es / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

José Carlos Duque / lomejor.com

 

La iconografía en El Bosco

Es un misterio incomprensible enfrentarse a la iconografía medieval sin conocer y entender antes no solo las circunstancias socioculturales de la época, sino el hecho, tan presente como poco tenido en cuenta, de que entonces muy poca gente sabía leer y escribir, lo cual creaba un problema permanente de comunicación, pero este problema no era tal porque para entonces, en este aparentemente oscuro mundo medieval, la milenaria cultura de la imagen ya había creado solución práctica elaborando, desde las primeras civilizaciones, un sofisticado sistema de trasmisión de información a través de la iconografía.

La cuestión práctica consistía en dotar a las imágenes de un contenido simple y legible que todo el mundo pudiera entender sin esfuerzo. Esta decisión de dotar a los iconos de significados concretos en cada caso era un proceso no solo normativo, cuya responsabilidad corría a cargo de Instituciones tanto de carácter político o religioso, sino también intuitivo, ya que simplemente se trataba en muchas ocasiones de reconocer y aceptar los conceptos o contenidos que el pueblo aplicaba a determinadas imágenes. Esta información, por otra parte, era reconocida en cuanto a su contenido simbólico porque su elaboración había ido conformándose, en muchos casos, a lo largo de miles de años, y eran patrones iconográficos muy enraizados en la cultura popular y, por lo tanto, muy difíciles de rechazar o desenraizar, así que finalmente tenían que ser aceptados físicamente aunque sus valencias de signo moral pasaran, como mal menor, de positivo a negativo con los cambios religiosos.

Cuando El Bosco empieza a pintar sus cuadros, lo hace en una época en la que este lenguaje iconográfico adquiere un plus de sofisticación en la medida en que la época va remontando o cambiando en sus contenidos culturales (la gente empieza decididamente a manejar la lectura y la escritura) y, dentro de lo cultural, tendríamos que incluir lo religioso y lo moral.
Por lo tanto, cuando nos enfrentamos a la obra de El Bosco no podemos conformarnos con quedar simple y literalmente alucinados por una interminable nómina de seres incoherentes, aparentemente oníricos o, como mínimo, amenazantes, a pesar de ser en ocasiones simplemente raros.

En realidad los personajes de Hieronymus Bosch se encuentran empapados en esa cultura de la imagen en la que cada escena, compuesta por determinadas figuras, significa algo muy concreto, casi siempre una advertencia, o descripción de un pecado o un vicio, o sus consecuencias escatológicas. Es decir, todo ello con una intención claramente didáctica y moralizante, verdadera finalidad de la obra de El Bosco, cuyos significados simbólicos, por suerte se han recuperado, ejercicio que ha dado pie a la obra escultórica de Sara Giménez que con ella trata de recuperar la “lectura” de la obra de El Bosco.


Jesús Herrero Marcos / Artículo exclusivo para lomejor.com

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