El Museo del Prado encierra la belleza en una exposición exquisita

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El Museo del Prado encierra la belleza en una exposición exquisita
La muestra reúne más de 280 obras de la colección del Museo que tienen como característica común su pequeño formato. Ordenadas de forma cronológica, trazan un recorrido por la historia del arte, desde finales del siglo XIV y principios del XV

Las salas de exposiciones temporales del Museo se han convertido en una sucesión de gabinetes ordenados a lo largo de 17 espacios de mayor o menor amplitud y de distintos formatos para dar la bienvenida a 280 obras a través de un recorrido histórico-artístico que, por primera vez en la historia de la institución, analiza los orígenes de las obras de pequeño formato y resume la colección del Prado más íntimo.  

 
Todos los géneros y los temas -desde la mitología, las imágenes de devoción y los retratos, a la naturaleza, a la reflexión sobre el ser humano, la exaltación del poder y la vida cotidiana-, y también, los diferentes soportes y técnicas -cristal, mármol, tabla, lienzo, pizarra, cobre y hojalata- se mezclan en esta inédita exposición para reflejar la riqueza y variedad de este resumen de la colección del Museo.
 
Habitualmente a la sombra de los grandes cuadros de la colección, bocetos preparatorios, pequeños retratos, cuadros de gabinete, esculturas y relieves se muestran aquí en todo su esplendor para acaparar la atención preferente del espectador en unas condiciones ideales de proximidad y reflexión que no se consiguen en las salas de la colección permanente.  

 

Correspondiente a todo el arco temporal que abarcan las colecciones del Museo, de finales del siglo II dC –la escultura en mármol Atenea Partenos- a los umbrales del siglo XX –Fortuny, Madrazo y Rosales entre otros-, este conjunto de obras cobra un inédito protagonismo en la exposición a través de un sorprendente montaje que facilita su contemplación más íntima y su inmersión en la extraordinaria belleza que encierran, su originalidad  y su rareza.  

La constante invitación al público a mirar las pinturas expuestas a través de recursos expositivos diferentes a los habituales como ventanas, ‘cámaras oscuras’ o el colgado de las obras, que están a la altura de los ojos del visitante, permitirá disfrutar en “privado” y en detalle de este Prado, exquisito y concentrado, que no siempre goza de la posibilidad de exponerse o que, aún expuesto, encuentra dificultad para captar su atención. Un resumen de la excelencia contenida en las colecciones del Museo en su más mínima y particular expresión.
 
Precisamente, con el fin de asegurar la idónea apreciación de estas bellezas encerradas, el Museo ha hecho un extraordinario esfuerzo para restaurar más de setenta obras de la exposición. Algunas de estas obras, unas cincuenta no se habían visto en los últimos años y cobrarán un inusual protagonismo en esta exposición.

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Página web

El microsite de la exposición presenta un recorrido por la exposición a través de sus salas con la ayuda de los textos incluidos en la Guía de Sala y recoge un video donde la comisaria, Manuela Mena, analiza pormenorizadamente la muestra.  Destaca en el microsite una serie de 24 videos de 5 minutos de duración cada uno, en los que conservadores, restauradores e investigadores del Museo, así como personajes relacionados con el arte y la cultura –Juliet Wilson, Manuel Borja-Villel, Cristina Iglesias y Félix de Azúa, entre otros- presentan una obra de la muestra y analizan su relación personal con la misma. Estos vídeos se irán publicando en distintos momentos a lo largo del transcurso de la exposición. Además, un interactivo ofrece el conjunto total de las obras de la muestra con la posibilidad de ordenarlas y visualizar cada una a través de diferentes criterios según su cronología, temática o tipología.  
 
Publicaciones

BellezaEncerrada01El libro que acompaña la exposición ofrece al lector el corpus completo de ilustraciones de las obras que forman parte de la muestra y reproduce detalles de las mismas a escala 1×1. Asimismo, incluye diez textos a cargo de los departamentos de Conservación del Museo que anticipan las diferentes secciones. Un texto introductorio del Director del Museo encabeza la publicación y le siguen un ensayo de la comisaria Manuela Mena y otro del escritor Félix de Azúa.  El precio del catálogo es de 35 euros y su compra se realiza a través de la tienda del Museo y en el microsite dedicado a la exposición en www.museodelprado.es
 
Se ha publicado, asimismo, una Guía de Sala que se entregará al visitante para facilitarle el recorrido de la muestra al no incluir el montaje de la exposición las habituales cartelas junto a cada obra. Textos de los conservadores del Museo resumen las 17 secciones tras las cuales se enumeran las obras de cada una.

CD

El Museo del Prado, en colaboración con EMI Classics, ha editado un recopilatorio de música clásica para poner ‘sonido’ a la exposición. Mozart, Bach, Ravel y Tchaikovsky, entre otros, son los autores de la banda sonora de la muestra y reflejan a través de sus temas el espíritu de la misma.  Está disponible en Tienda Prado, establecimientos especializados, iTunes y Spotify.
 
17 Salas

Una copia de época romana de Palas Atenea en mármol blanco, reducida del original de Fidias para el Partenón de Atenas, recibe al espectador como diosa de la Sabiduría y las Artes para presidir el esquema expositivo de las 16 salas restantes que conforman la muestra.
 
Su sala contigua abre el camino del arte en pequeño formato con una cruz de cristal de roca, cobre y marfil del siglo XIV. La predela de La Anunciación de Fra Angelico se sitúa, por primera, a la altura de los ojos del visitante adquiriendo así un protagonismo inusual. Junto a ella pequeños cuadros de devoción como la recién adquirida tabla francesa La Oración en el huerto con el donante Luis I de Orleans. En esta misma sala y a través de unas ranuras en el muro, el visitante concentrará su mirada en las moralizantes escenas pintadas por los Aspertini en los frontales de sendos arcones de boda.
 
La Piedad de Roger van der Weyden se asienta en la tercera sala junto a las obras moralizantes de El Bosco y el interés humanista por el mundo físico de Patinir. En este ámbito puede verse también el Autorretrato de Durero, a través del cual se evidencia el cambio de orden y cómo a partir de ahora el artista nunca más será un siervo.

La presencia de Felipe II  domina el cuarto espacio dedicado a la escultura para ocupar espacios íntimos como Meleagro de Cosini o el relieve  de Francisco I de Medici. La influencia de Durero también se deja ver en esta sala con una copia en marfil de su famoso grabado de Adán y Eva.
 
En la quinta sala, una copia romana de Afrodita da paso al orden clásico de Rafael y Andrea del Sarto y a las diferentes interpretaciones del arte de la escuela italiana: el colorido y lujo veneciano de Veronese frente al claroscuro de los Bassano y el manierismo del norte junto al naturalismo clasicista de Carracci o Guido Reni.
 
Retratos de Moro, El Greco, Sánchez Coello, Orrente y de Velázquez cómo su Francisco Pacheco protagonizan la sexta sala.  Función importante de la pintura en el siglo XVI fue la de copiar en pequeño grandes cuadros de altar, para disfrutar de ellos en un ámbito privado. Es el caso de dos copias de originales de Corregio incluidas en esta sala y que se muestran junto a la delicada Virgen con el Niño y san Juan del gran maestro.
 
Rubens aparece como protagonista de una sala dedicada a las series como la de Los Sentidos en la que colabora con Jan Brueghel el Viejo o la serie de preparatorios para las pinturas de la Torre de la Parada que han recuperado todo su exquisito colorido y dinámico movimiento gracias a su reciente restauración.
 
La octava sala despliega bodegones y floreros que evidencian el concepto de vanitas que subyace en el arte del siglo XVII. Los recientemente restaurados Pájaros muertos emergen tras su limpieza bajo una solemne hornacina de fondo antes no visible, y se contemplan junto al no menos impresionante fondo oscuro del Agnus Dei de Zurbarán. Un pequeñísimo retrato de Mariana de Austria pintado por un anónimo a partir de las facciones que de ella dejó Velázquez cierra esta sala y recuerda que entre los atributos de las reinas estaban las flores, dando paso así a la novena sala que toma carta de naturaleza.
 
Aquí desaparecen las historias como en el Paisaje de Brueghel el Viejo y el Paisaje con cascada de Dughet hasta llegar a la independencia total del género que culmina en las espléndidas Vistas de la Villa Medici de Velázquez que nunca antes se habían podido contemplar con el recogimiento que ofrece el montaje de la exposición. Dos obras de Claudio de Lorena y Domenichino recuerdan el concepto de ‘paisaje clásico’ que recrea el mundo antiguo, y la Torre de Babel del flamenco Pieter Brueghel el Joven -recién restaurada- refleja el camino de artistas nórdicos afincados en Italia, como Bramer, que interpretarían los temas clásicos desde otra sensibilidad.
 
La décima sala del recorrido evidencia cómo los cuadros de gabinete se presentan, en el siglo XVII, de forma independiente y fragmentada, reflejando el gusto por representar de forma seriada la vida que pasa ante el artista. Dos de los ejemplos que lo demuestran en esta sección son los cuatro bocetos del hijo pródigo de Murillo, y la serie que relata la historia de Reinaldo y Armida de Teniers. El Tratado de las pasiones del alma de Descartes se resume en la serie de 6 cuadritos de monos que cierran la sala como un satírico retrato de las actividades de hombres y mujeres.
 
BellezaEncerrada02Las escenas de caza del flamenco Wouwerman unen esta undécima sala con las anteriores a través de paisajes abiertos a los que se suman las escenas religiosas de Murillo anunciando la llegada del siglo de Goya que puede entreverse a través de una hendidura en el muro.
 
En la duodécima sala, la primera del siglo XVIII, los monarcas de la casa de Borbón, Carlos II de Austria y Mariana de Neoburgo reciben al visitante junto a un boceto de la Familia de Felipe V de Jean Ranc.
 
El incendio del Alcázar marca la pintura que se exhibe en la sala decimotercera, ya que en ella se pueden contemplar muchos de los bocetos que Giaquinto, Tiepolo y Bayeu realizaron como preparación para las obras destinadas a decorar la nueva residencia real.
 
En la siguiente sala, la número catorce, se muestra la obra de pequeño formato de Luis Paret, uno de los artistas más apreciados del siglo XVIII español. Cabe destacar entre las diez obras de la sala, el cuadrito de gabinete, Muchacha durmiendo, que se muestra por primera vez tras su reciente adquisición y que se exhibe en una “cámara oscura”.
 
La segunda mitad del siglo XVIII abre la sala quince a los temas populares que muestran una clase social en ascenso y personas de oficios diversos que incluían ya a la mujer, independiente y liberal. Así, Tres viajeros aéreos favoritos de Rigaud – restaurada para la muestra-, retrata aspectos curiosos de fines de siglo como fue el ascenso en globo en Londres, en 1784, que protagonizó junto a dos hombres una actriz y modelo, la primera mujer en subirse en globo aerostático.
 
Acercándose al final de la muestra, la maqueta del Gabinete de Ciencias Naturales que Villanueva presentó a Carlos III, que con el tiempo sería el Museo del Prado, preside el
decimosexto ámbito en el que los bocetos, cuadros de gabinete y pequeños retratos de Goya se exhiben bajo la luz real de la claraboya de esta sala. Muestra de su excelencia a la hora de retratar son dos diminutos redondeles de cobre –dos de las obras más pequeñas de la exposición- que retratan a dos miembros de su familia política.
 
Es la pintura de pequeño formato del siglo XIX, presentada como la decoración de un abigarrado salón de la época la que pone fin a este intenso y concentrado recorrido. Los románticos seguidores de Goya, como Alenza o Lucas, se unen a los preciosistas Jiménez de Aranda y Pradilla en un siglo en el que la burguesía y la mujer toman una especial relevancia, como demuestra la exótica modelo del cuadro recién restaurado de Palmaroli, En vue. El refinadísimo y también exótico Fortuny protagoniza esta última sala junto a Madrazo, Rosales o Carlos de Haes. Y, antes de que el visitante concluya su personal recorrido, se encontrará a la salida con una curiosa despedida, un pequeño guiño de nuestro tiempo, la Gioconda (del Prado) representada por una tarjeta postal de principios de siglo que recoge en su reverso la noticia del robo del original del Louvre en 1911, anotada por su dueño y donada al museo por su nieto Juan Alberto García de Cubas, autor del diseño del montaje de la exposición. La amarilleada postal de la Gioconda testimonia en el colofón de la exposición el proceso universal de miniaturización del Museo y del arte que se produce gracias a la fotografía y la reproducción mecánica de nuestra edad contemporánea.  
 
Restauración

BellezaEncerrada03Durante poco más de un año y gracias a la colaboración de la Fundación Iberdrola como miembro protector del programa de restauraciones, el Museo del Prado ha realizado un extraordinario esfuerzo en limpiar y restaurar más de setenta de las obras que se muestran en la exposición para presentarlas en las condiciones idóneas y que el espectador pueda apreciar la belleza específica que encierra cada una de las piezas. 

La restauración de cada una de estas obras, eliminando los barnices oxidados y restableciendo la perfecta armonía de las relaciones tonales (los colores envejecen de manera diferente: los tierra se oscurecen y los blancos se mantienen), permite observar con detenimiento la precisión de las pinceladas y, con ello, la lectura original de cada pieza. Por lo tanto, este trabajo de restauración supone un complemento adicional a esta exposición para sacar el máximo partido a la apreciación de la imaginación, el dominio de la técnica y la capacidad de innovación de cada autor en obras destinadas a la intimidad.
 
Más información la exposición y sus actividades en www.museodelprado.es
 
TEXTO: LOMEJOR.COM. FOTOS: MUSEO DEL PRADO

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