Santiago Carrillo: Se acabó el recuerdo de la Guerra Civil
Con el fallecimiento del histórico dirigente político, España pierde a uno de los actores protagonistas de la Transición
José Carlos Duque, director de lomejor.com, entrevista a Santiago Carrillo en un Congreso del PCE en 1978, como redactor de Diario 16.Hablar de Santiago Carrillo era para una parte de los españoles rememorar la Guerra Civil, la matanza de Paracuellos, las checas, los presos, la postguerra, el franquismo y el mismo regreso a España enfrascado en una peluca, en 1976, un año antes de que Adolfo Suárez legalizara el Partido Comunista un Viernes Santo, cuando la extrema derecha se alzaba con el santo y la limosna y se quedaba perpleja por la «traición» del presidente Suárez. Con su muerte, este 18 de septiembre de 2012, a los 97 años, se cierra una convulsa etapa de España que culminó en la Transición. Esta etapa transitoria fue el borrón y cuenta nueva paulatina de las penurias políticas de los dos bandos beligerantes en la contienda española. Y Carrillo y la Pasionaria llenaron los periódicos democráticos con las noticias de las nuevas Cortes españolas y de la Monarquía Constitucional.
Diputado comunista desde 1979 al 82, no se arrodilló ante Tejero en el asalto al Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981. Permaneció sentado junto al presidente del Gobierno Adolfo Suárez, y al vicepresidente, el general Gutiérrez Mellado. Republicano por antonomasia, tenía un gran respeto por el Rey don Juan Carlos, de quien era un gran amigo. Y siempre tenía unas palabras posibilistas de cara a lo que habría que pasar. «No podemos hacer conjeturas sobre el futuro lejano», decía cuando se le preguntaba por algún acontecimiento político que se escapaba a su círculo de pensamiento. Siempre atento con los medios informativos, jamás puso una objeción ni rechazó la petición de una entrevista o unas declaraciones cuando era requerido en la calle o en los pasillos del Congreso e los Diputados, envuelto en las volutas de humo de sus cigarrillos. Fue fundamental en la transición, participo en los Pactos de la Moncloa, aunque el «padre» comunista de la Constitución fue Jordi Solé Tura (PSUC).
Tras una vida longeva y plenamente capacitado, murió en su casa de Madrid mientras dormía la siesta y sus cenizas quedan dispersas en el Mar Cantábrico, tal y como dispuso.
Había nacido en Gijón el 18 de enero de 1915. A los 9 años se trasladó a Madrid con su familia. A los 13 años se afilió a las Juventudes Socialistas y colaboró como aprendiz de periodista en el periódico El Socialista. Vivió la proclamación de la República española y fue encarcelado por participar en una manifestación como secretario de las Juventudes Socialistas. Estuvo en prisión hasta la llegada del Frente Popular, en 1936. Ese año viajó a Unión Soviética y se afilió al Partido Comunista. Fue delegado de Orden Público dentro del PCE y miembro de la Junta de Defensa de Madrid.
Finalizada la Guerra Civil cruzó la frontera con Francia y comenzó un exilio de 38 años. Vivió en la URSS, Estados Unidos, México, Argentina, Argelia y París. En 1960 fue elegido secretario general del PCE hasta 1982.
En 1974 creó la Junta Democrática opuesta al régimen de Franco. En diciembre de 1976 entró clandestinamente en España con pasaporte falso y disfrazado con una peluca gris. Fue detenido en Madrid y ofreció una rueda de prensa con una bandera española, monárquica, y otra roja, con la hoz y el martillo. Era un pacto para que Suárez legalizara el PCE, el 9 de abril de 1977. El 15 de junio de 1977 ganó el primer escaño en las Cortes españolas y lo renovó en 1979 y en 1982. El 23F Carrillo fue uno de los que hicieron frente a Tejero en el asalto al Congreso de los Diputados.
El 6 de noviembre de 1982 abandonó su puesto de secretario general del PCE ante los malos resultados electorales. Le sustituyó Gerardo Iglesias, con quien mantuvo constantes disputas que acabaron forzando la salida de Carrillo y sus seguidores del PCE. Se presentó a las elecciones con una nueva formación, Unidad de los Comunistas, y no logró ni un escaño. El 27 de octubre firmó la unidad de su partido con el PSOE, como una corriente con el nombre de «Unidad de la Izquierda» pero él quedó fuera. El 20 de octubre de 2005 fue investido doctor honoris causa por la Universidad Autónoma de Madrid. El 2 de diciembre de 2008 fue galardonado con la Medalla al Mérito en el Trabajo. Sus memorias ocupan un gran volúmen, que fue editado el 30 de noviembre de 1993. Fue uno de los artífices de la reconciliación de los españoles, aquellos rojos y azules de la Guerra Civil y de la postguerra franquista.
El presidente del Principado de Asturias, Javier Fernández, lamentó el fallecimiento de Santiago Carrillo, una de las figuras clave de la Transición política española, y trasladó sus “condolencias a sus familiares y amigos”. El jefe del Ejecutivo asturiano dijo que Santiago Carrillo “simboliza la capacidad de reconciliación, de entendimiento racional y de superación de las discrepancias”.
Fernández señaló que Carrillo “contribuyó de muchas maneras al asentamiento de la democracia en España. A los pocos meses de la muerte del dictador Francisco Franco, el entonces secretario general del Partido Comunista de España (PCE), demonizado durante décadas por el franquismo, supo entablar un diálogo amistoso con el presidente Adolfo Suárez, exigir las condiciones mínimas y aceptar las renuncias necesarias para convertir a su partido, aún ilegal, en una pieza básica para la plenitud democrática en nuestro país”, añadió. En su opinión, el relato de la Transición “estaría amputado sin la legalización del PCE, de la que no se puede hablar de la legalización sin nombrar a Santiago Carrillo. Sólo por eso merece un lugar relevante en nuestra historia”.
Javier Fernández subrayó que, hasta sus últimos días, Carrillo “fue un interlocutor razonable, una persona capaz de anteponer el sentido común y el bienestar colectivo a las filias y fobias personales y políticas”. “Es, en este sentido, un ejemplo, una referencia de generosidad política y personal, capaz de orientarnos cuando tantas veces, por desgracia, se imponen los análisis y juicios de corto recorrido en la práctica política”.