Ulali: El perfume de Oriente que huele a Africa

Ulali

Ulali: El perfume de Oriente que huele a Africa
Un aroma de sensaciones. La nueva fragancia que resalta el glamour de la mujer

Ulali representa la última Deidad que habitó en el Gran Zimbabwe, la Ciudad Perdida, la Ciudad de Piedra. El Gran Zimbabwe es el nombre dado a las ruinas de una antigua ciudad que fue el centro de una poderosa civilización conocida como el Imperio Monomotapa que abarcaba zonas de Zimbabwe y Mozambique. En aquella época esta metrópoli llegó a comerciar con otros países de África  por la gran riqueza que provenía de sus minas de oro…

Nadie sabe quienes fueron sus moradores, ni quienes la construyeron pero estudios realizados la sitúan por el año 1552. En la actualidad se encuentra erguida pese al paso del tiempo y su leyenda continúa viva….

Ulali nació, creció y fue admirada por  mayores y jóvenes.  Era adorada por su madre, Mirana, que la contemplaba como una luz brillante. Por ello su nombre, el bello nombre que define por sí solo la belleza de la criatura: “La Luz en el Cielo del Desierto”.  Vivía sola con su  madre en aquel Templo de Oro. Porque había sido elegida por los sacerdotes  como el ideal de la mujer de aquel tiempo, de aquella tan extraordinaria y extraña civilización.  Aunque para Ulali la soledad era insufrible. Deseaba ser libre , volar como los pajarillos que veía revolotear sobre su cabeza de niña bella; deseaba bajar al valle y contemplar las maravillas de la naturaleza, las aguas de los ríos desbordándose sobre la tierra fertilizándola.

Pero eso sería años más tarde, cuando se hiciera mujer y  ella también estuviera a punto de ser como las aguas de los ríos; capaz de fertilizar.  Entonces su madre la prepararía para ser ofrecida a los sacerdotes; hasta que su madre la engalanara y cubriera de oro, la bañara y perfumara con ricas esencias extraídas de las plantas que crecían en el Valle, entonces Ulali fue ofrecida a los sacerdotes.

Isabel de Quintanilla ha viajado por el corazón de Africa y encontrado  los misterios que conserva en el interior de sus entrañas; y allí descubrió la vida de la joven Ulali. Y en su mundo de inquietudes, ideales, sueños y realidades, ha querido rememorar la figura de una mujer que también como algunas jóvenes de hoy, pese a vivir en una jaula de oro, deseaba volar muy lejos, descubrir los secretos de la vida por si misma y no por lo que le contara su madre o por lo que con ella realizaran los sacerdotes del Templo.

Isabel nos trae una Ulali envuelta en una exquisita fragancia que recuerda  el aroma de los atardeceres de Africa, cuando las flores abren sus pétalos en las orillas de los pantanos, en la exuberante vegetación del Kilimanjaro, en las riberas del Nilo,  o en cualquier río de cualquier país del Continente Africano.

Isabel ha sabido plasmar en esencia real, lo que ella ha percibido durante años en los miles de kilómetros recorridos por  los caminos de Africa. Ha querido recordar a Ulali y lo ha hecho convirtiéndola en esencia.

Una fragancia ideal para una mujer soñadora, sensible, amante del lujo y de lo bello y también para la mujer aventurera que encontrará entre los componentes del perfume un poco de cada rincón de África. Mezcla de almizcle, jazmín, baya de enebro, y bergamota, combinada con aromas florales y amaderados, entre otras sensaciones del exotismo africano.

Un lujo para llevar puesto a la hora de seducir al hombre y de manifestarle lo maravillosa, deliciosa y suave  que es la piel de mujer, impregnada con las esencias con las que bañaban a Ulali

TEXTO Y FOTOS: ISABEL DE QUINTANILLA

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